Bajo presión

miércoles, 2 de junio de 2010


Siempre ha existido el deseo de un superniño, inscrito en lo hondo del ADN de todos los padres. Lo que ha cambiado es que muchos de nosotros sentimos ahora la presión social, y tenemos tiempo y dinero para tratar de crear uno. [...]
No nos desmoralicemos demasiado. Como ya hemos visto, una de las lecciones que ofrece la historia es que la niñez pocas veces resulta tan lúgubre como la describen los agoreros. En la actualidad, hay muchas cosas maravillosas en la niñez. Muchos pequeños tienen una relación más cercana y relajada con sus padres que en cualquier otro momento de la historia. El mundo está repleto de oportunidades para aprender, viajar y divertirse. Internet ofrece toda la aventura embriagadora de una nueva frontera.
Al mismo tiempo, sin embargo, es mucho lo que se ha torcido. La salud física y mental de los niños se resiente. A muchos se les niega la libertad de jugar al aire libre, de trazar su propio camino en la vida, de ver un mundo en un gano de arena. Crecen con el miedo a posibles fracasos y con las expectactiva deque todo se les sirva en bandeja de plata. La tarea de ser padre corre el peligro de convertirse en una competición llena de pánico, culpa y decepción, lo que puede hacer que nos despreocupemos del bienestar de los demás niños, incluso que desconfiemos de ellos.[...]
Pero hay esperanza. Otra lección de la historia es que la infancia evoluciona. La presión por dar a nuestros hijos lo mejor de todo y convertirlos en los mejores es fuerte, pero no irresistible. Nadie nos apunta con una pistola a la cabeza ni nos obliga a criar a la próxima generación. Está en nuestro poder cambiar, relajarnos.
¿Por dónde empezamos? El primer paso consiste en aceptar que los niños tienen una determinada cantidad de aptitudes e intereses y que hay muchos caminos hacia la condición adulta. La vida no se acaba por no entrar en Oxford O Harvard. No todo el mundo es seleccionado para trabajar en Wall Street, ni lo quiere todo el mundo. Por definición, solo un puñado de niños será verdaderamente excepcional de mayor en algún campo. Si vamos a reiventar la infancia de un modo que sea bueno para los niños y para los adultos, hemos de aprender a tolerar la diversidad, la duda, las asperezas ocasionales, incluso el conflicto. Tenemos que valorar a los niños por lo que son y no por lo que queremos que sean.

Extraído del libro Bajo Presión de Carl Honoré

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