¡NO TE QUIERO!

miércoles, 19 de enero de 2011


Frase común de niños y niñas en edad infantil, dirigida hacia su madre o padre. Ocurre momentos antes, de una llantina, o justo después de qué han querido hacer "algo" que sus padres no consideraron adecuado. En esa situación pierden la compostura, y pueden incluso insultar a sus progenitores (desde los consabidos "feo" o "tonto" "te odio", hasta los insultos más fuertes, dependiendo de los que hayan aprendido). Esta es una de las frases "estrella" que trabajamos en los talleres con padres.
También puedes escucharla cuando dos madres, con hijos en edad similar, hablan en un parque, en la entrada del cole, etc... Claro que en esta ocasión el modo de redactarla incluye la queja de la persona, algo así como "¡te quieres creer lo que me dice esta muchachita!" "¡qué no me quiere, que soy mala!", con lo bien que la trato. Con mi abuela tenía que haberse criado, en una como esa le hubiera dado un golpe que la deja del revés...
Otras veces toma la forma de duda, y el adulto se cuestiona si su hija/hijo le querrá realmente. O bien de culpa, "será que lo estoy haciendo muy mal, porque la niña me odia"...

Cualquiera que sea la forma que tome al expresarse, está claro que es una frase que no deja indiferente a quienes la escuchan. Y que necesita una escucha atenta para descubrir dónde está lo que el niño está demandando en cada momento. Los motivos por los que un infante hace tal afirmación no siempre son claros. Si con un adulto es difícil saber los verdaderos motivos de un enfado, con un niño la dificultad se multiplica. A partir de doce años aproximadamente, comienza la etapa lógica, esto unido al hecho comprobado de que hasta los seis años no comienza el control de impulsos, hace crecer las probabilidades de error. La percepción de las conductas infantiles, en edades muy tempranas tienen más de interpretación personal que de "percepción", valga la redundancia.

En ese momento, cuando una niña o niño te rechaza, la emoción del amor hacia sus adultos de referencia está completamente cubierta por la ira. Al ratito sentirá de nuevo las ganas de jugar con su padre o madre, porque la ira se fue. Ese es el momento adecuado para tratar por medio de un juego, de un cuento o de un cuento-juego, la emoción incontrolada. Ahí el menor se sentirá seguro, porque no estará viviendo en primera persona los efectos de la rabia. Es en ese instante en el que haciendo un "juego especial" estemos en condiciones de averiguar los motivos más probables que desataron su enfado. Mientras está en plena rabieta, lo que necesita es un apoyo, un soporte sereno para una emoción que aún no sabe manejar.


Podeis encontrar más ideas y recursos en Sin Castigos

Teresa García.
Psicóloga clínica.




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