Autodisciplina

miércoles, 23 de febrero de 2011


En los talleres que conduzco, aparece en más ocasiones de las que se pueden imaginar frases como: "se lo he dicho miles de veces, y continúa igual". Los padres y madres que así hablan están cansados de decirles a sus hijos las mismas cosas y no conseguir los efectos deseados.

Esta situación remite directamente a que "decirlo" no está funcionando. En este punto es en el que los progenitores se decanta por usar castigos o premios. Esta estrategia a veces funciona y a veces no, lo que desconcierta a los adultos. Cuestión completamente lógica, poniendo un ejemplo, para que un castigo funcione es necesario que nos aseguremos que la conducta castigada no será premiada en otras circunstancias (esta no es la única condición necesaria, como saben los expertos en modificación de conducta). Dado que eso es muy dificil de conseguir, lógicamente a veces funciona y otras veces no.

Con los premios pasa algo parecido. Y es que no siempre un niño o niña es dependiente de un determinado premio. Aún recuerdo, como anecdota, cuando le decía a mi hermano, ocho años en aquella época, que le regalaba tal cosa si cumplía tal otra condición. Su respuesta era inequivocamente la misma, "¡no lo quiero!". De niña me sorprendía esa respuesta, ahora ya no, el niño es inteligente y no quiere que sus regalos sean condicionados.

Una vez explicado esto, los adultos que educamos niños quedamos un poco en "tierra de nadie". ¿Qué podemos hacer para que nuestros peques obedezcan entonces? A esto yo suelo responder ¿Y es necesario que obedezcan? Lo cierto es que nuestra sociedad tiene unos horarios y unas normas que "obligan" a encontrar una solución.

¿Es posible que los más pequeños se puedan autodirigir? La respuesta a esta pregunta es sí. Pueden estar vestidos a la hora de salir, estar en la cama a la hora necesaria, etc. Conseguirlo pasa por la utilización de unas herramientas básicas de comunicación, renunciar a las barreras comunicativas, valga la redundancia, e incluir al menor en la toma de decisiones que le afectan. Haciendolo de esta forma, evitaremos los castigos, las largas charlas, las peleas y los "malos rollos" tan comunes en este tipo de situaciones. Y lo que es más, favoreceremos la autodisciplina, una herramienta que de niños es eficaz, pero de adultos se convierte en indispensable.


Teresa Garcia.
Psicologa Clinica.

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