Cuando esperar

miércoles, 16 de marzo de 2011


Una consulta que se repite a menudo es si ya es el momento para aprender una actividad determinada. Por ejemplo qué edad es la ideal para que nuestro hijo o hija se siente a comer en la mesa con los adultos.

En esto aparecen cuestiones que se convierten en problemas familiares en más ocasiones de las que a simple vista parecen. Lógicamente no le pediremos a un bebé que se siente a la mesa y coma. Pero ya no resulta tan evidente cuándo el bebé tiene dos añitos, o tres. Incluso si hablamos de edades como siete u ocho años.

Un niño que no maneja el control de impulsos, no está en condiciones de cumplir con costumbres sociales. Y sentarse a la mesa no deja de ser una costumbre de nuestra cultura. La madurez es distinta en cada organismo, por lo tanto se controlarán dichos impulsos a edades diferentes para cada persona.

Una vez más, la observación se torna indispensable en la educación. Comprobar qué nivel de control tiene un niño o niña, ahorrará discusiones innecesarias. Y tener cierta "manga ancha" en casa ayudará. Sabemos que en casa estan permitidos ciertos comportamientos que en sociedad no. Un pequeño, una pequeña, que en casa es incapaz de comer sentada, pero come bien si lo hace mientras juega, no va a seguir jugando al mismo tiempo que come cuando sea adulta. Y es más que probable que en un restaurante respete las normas culturales. La imitación y la observación es la herramienta de aprendizaje más usada por los menores. Seamos un modelo de lo que queremos contemplar en nuestros hijos e hijas. Es el modo más efectivo.

Sin embargo, existen situaciones que la madurez no resuelve, sino qué las empeora. Los más pequeños tienen un modo muy particular de pedir ayuda. El hecho de que no manejen la lógica, hace que sea imprescindible una mirada atenta y detallada del modo de actuar del niño. Un cambio de actitud drástico en su comportamiento nos está avisando de que el niño tiene dificultades. En estos casos lo mejor es encontrar pronto la causa de ese cambio, porque suele ser indicador de un problema que el pequeño no sabe manejar, y por lo tanto necesita de un adulto que le guíe.

Teresa Garcia.
Psicologa Clinica.

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