Aprender de un error

miércoles, 16 de febrero de 2011


La sabiduría popular nos dice que los tontos no aprenden de sus errores. Y la historia nos cuenta que Thomas Edison, después de muchos errores (intentos) consiguió hacer la bombilla. Por lo tanto se hace especialmente necesario que los niños aprendan de sus propios errores.

Supongamos que los juguetes de nuestro hijo pequeño están "sembrados" por el suelo. Es algo fácil de suponer, para la inmensa mayoría de padres y madres. Mientras caminamos existen muchas probabilidades de "pisar" un juguete y que éste termine roto. Si un niño o niña "pierde" un juguete valioso para él, por tenerlo en un lugar inadecuado, muy probablemente comprenda que tener los juguetes por el suelo mientras no se está jugando con ellos, supone "cierto pelígro".

Este ejemplo sencillo nos muestra una herramienta que posibilita muchisimos aprendizajes, sin la mediación de un adulto. Por tanto, siempre que sea posible y la seguridad del pequeño o pequeña no esté en riesgo, es preferible que aprenda de sus propios errores. De esta manera evitamos luchas de poder con nuestros hijos e hijas en más situaciones de las que a primera vista creemos.

Siendo este modo de actuar maravillosamente eficaz, es muy probable que con nuestra palabra cancelemos su efecto. No son pocas las veces que los padres y madres en los talleres me dicen, que ya han probado a permitir que aprendan de sus errores, pero que no funciona. Entonces les pido que me cuenten que ha sucedido. Observo que han convertido "el hecho" en una excusa para "calificar y evaluar" a sus hijos e hijas. Conocer la diferencia entre describir y evaluar, y sobre todo practicar para que se convierta en parte de nuestro vocabulario habitual evita que los padres y madres anulemos con nuestra palabra las lecciones que nuestros hijos e hijas aprenderán por su "propio pié".

Teresa Garcia
Psicologa Clinica.

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