Reorientar la conducta

miércoles, 30 de marzo de 2011


Estabamos de paseo con mi hija de cinco años. Entramos en un bazar y compramos unos globos. Allí estaba el dueño, con su pareja e hijo (aproximadamente cinco). El niño tenía un dibujo secando al sol en la puerta del establecimiento cuando llegamos. Sus padres le ordenaron quitar el dibujo. No transcurrieron cinco segundos para que su padre le ordenara nuevamente quitar de allí el dibujo.

En frente al bazar hay un banco, dónde nos gusta sentarnos un poquito, antes de continuar el paseo. Desde allí escuchamos al padre gritarle al niño que cuando los adultos hablan, él tiene que permanecer en silencio. El hombre comenzó a hacer el inventario con su pareja. Y el niño dijo algo que no escuchamos desde el banco, a lo que su padre respondió en voz muy alta, y en mi opinión cargada de ira: "es que no podemos hacer nada con el niño aquí". En ese momento, la señora se percató de nuestra presencia y dijo de forma perfectamente audible para nosotros: "cuidado que hay gente en el banco en frente".

Este es el relato de lo que observé esta tarde. Mi marido me dijo que eso es lo común dentro de las casas. Y tiene razón. En cada hogar encontramos personas que comunican, pero que no "se comunican". Las tres personas implicadas estaban sintiendo emociones que conducen a conflicto. Usando palabras, es decir hablando, pero renunciando a escuchar. Este tipo de situaciones deja víctimas a su paso. En este caso tres, dos adultos y un niño. Los adultos se terminarán preguntando ¿qué estoy haciendo mal? Y el niño probablemente pensará que es un "estorbo" para sus padres. No es fácil escuchar que por nuestra culpa no "pueden" hacer nada.

Una simple reorientación de la conducta hubiera facilitado la comunicación. "Escuchar"en el comportamiento del niño, su deseo de estar incluido, de colaborar con los adultos. Con una pregunta, tal como ¿crees que las personas pasarán sin estropear tu dibujo?, hubiera conseguido el efecto inmediato, porque los niños suelen estar orgullosos de sus creaciones. Incluso una sugerencia, "se secará mejor y con menos riesgos en ... ".

Actuar así parte de la confianza en que los niños tienen la capacidad para tomar decisiones acertadas. Y por supuesto de conocer una comunicación diferente a las órdenes a las que venimos acostumbrados desde pequeños. Pero sobre todo tiene una consecuencia evidente, y es la desaparición de las emociones negativas.

Teresa García
Psicologa clínica

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